missionaryleaders.org
Search   |   Newsletter   |   A-Z Index   |   Other languages   |   Who we are            
Stake and ward leaders
Ward mission plans
Member missionaries
New member development
Full-time missionaries
Resources
Teach us!
Enseñando los Principios de la
Obra Misional de los Miembros--Leccion 2


PDF | Word
 
Bookmark and Share

 


Lección

2



Enseñando los Principios de la Obra Misional de los Miembros



DESARROLLO SUGERIDO DE LA LECCION


Resúmen


La clase comenzará con una discusión del Principio 2, que debemos refrenarnos de juzgar la creatividad de otros y compartir libremente el evangelio. El instructor introducirá este principio haciendo una serie de preguntas retóricas que ayudarán a los miembros de la clase a considerar la medida en que ellos juzgan el interés potencial que otros tienen en el evangelio. El instructor presentará escrituras y una historia verdadera de miembro misionero para subrayar que nosotros no podemos predecir con anticipación quien estará abierto a la invitación del evangelio.


El instructor luego presentará el Principio 3, que no debemos alterar una relación con alguien de manera innatural antes de invitarlos a que aprenda sobre la Iglesia, compartiendo una historia en la cual una familia SUD (Santo de los Ultimos Dias) pasa por desilución en sus esfuerzos por compartir el evangelio. El instructor discutirá la historia con la clase, identificando que la práctica de involucrarse en rituales de establecer una amistad que requieren demasiado tiempo antes de compartir el evangelio con alguien es desorientadora y engañosa. Finalmente el instructor presentará formas de invitar sin ser ofensivo al observar el Principio 4 de la obra misional de los miembros.


Bosquejo


  1. Podemos predecir por anticipado quien estará interesado en la Iglesia? (10 minutos)

  1. Nosotros no podemos predecir por anticipado quien estará interesado en el evangelio.

  1. Podemos compartir el evangelio con todos, no solamente con nuestros amigos (15 minutos)

  1. Principio 3: No tenemos y no debemos alterar nuestra relación con alguien antes de extenderle una invitación al evangelio.

  2. Error: Debemos invertir grandes cantidades de tiempo y energia en construir buenas relaciones con la gente antes de que podamos compartir el evangelio con ellos.

  1. Como invitar sin ofender (10 minutos)

Objetivos del Instructor


  1. Ayude a los miembros de la clase a que expandan su punto de vista de con quien pueden compartir el evangelio enseñando los Principios 2 y 3 de la obra misional de los miembros.

  2. Enseñe a la clase las formas de invitar sin ofender enseñando el Principio 4 de la obra misional de los miembros.


Preparación y Materiales


  1. Lea Alma 16:14, Mateo 7:1 y I Samuel 16:7; asigne a miembros de la clase por anticipado a que lean estas escrituras durante la lección.

  2. Reflexione y preparese para compartir cualquier experiencia que ilustre los puntos de esta lección.

  3. Consulte la lista de preocupaciones de la Leccion 1 y determine que preocupaciones se relacionan y se resuelven con los Principios 5-7; menciónelas en los puntos adecuados de esta lección.

  4. Arregle un salón de clases con pizarra; tenga yeso/borrador a la mano.


LECCIÓN


1. Podemos predecir con anticipación quién estará interesado en la Iglesia?


La obra misional de los miembros es un tema común en los discursos de las reuniones sacramentales, las conferencias, charlas fogoneras, “mensajes de sobremesa” de los misioneros de tiempo completo y de las clases de la Escuela Dominical tales como ésta.


Haga la siguiente pregunta retórica a la clase:


Pregunta 1: Cuántos de ustedes en estas situaciones han repasado mentalmente una lista de sus conocidos que no son Santos de los Ultimos Dias (SUD) y han ido a través de algún tipo de proceso de selección, decidiendo con quien hablarían y con quien no hablarían sobre el evangelio, o quien estaría interesado o no?


Pregunta 2: Cual fue su criterio de selección/como llegó a tales juicios/decisiones?


Permitale a los miembros de la clase que reflexionen por un momento y proceda con la siguiente pregunta:


Para los que Uds. pensaron no hablarles, sus pensamientos siguieron más o menos el siguiente patrón:

‘Esta persona es…’


Permita a los miembros de la clase a que comenten o discutan cualquier sentimiento sobre estas preguntas.


Mientras que al final puede que no estemos incorrectos en algunos de nuestros juicios sobre el interés potencial de otros, se nos ha aconsejado refrenarnos de juicio y compartir el evangelio libremente con toda la gente, permitiéndoles que ellos decidan por si mismos si están interesados en aceptar una invitación del evangelio. Cuando nosotros determinamos que alguien no estaría interesado y consecuentemente no nos acercamos a ellos para hablarles sobre el evangelio, nosotros disminuimos su habilidad de ejercitar su libre albedrio, habiendo esencialmente tomado la decision por ellos.


Principio 2: Debemos refrenarnos de juzgar la receptividad de otros y compartir libremente el evangelio “sin importar de quien se trate”


Pida a un miembro de la clase que lea en voz alta una o más de las siguientes escrituras sobre refrenarnos de emitir juicio:

Alma 16:14 Y comunicaban la palabra de Dios sin cesar a cuantos querían oirlos, y no hacían acepción de personas (Hablando de Alma y Amulek).


Mateo 7:1 No juzguéis, para que no seáis juzgados (Cristo en el Sermón del Monte).


1 Samuel 16:7 Y Jehová respondió a Samuel: No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón. (Hablando sobre Samuel al reconocer al ungido del Señor David entre los hijos de Isaí).


La mayoría de gente que ha sido miembros misioneros o que han servido misiones de tiempo completo podrían decir que al ver hacia atrás sobre la gente que aceptó o rechazó sus invitaciones para aprender sobre el evangelio, ellos simplemente no podrían predecir con anticipación quién en realidad aceptaría su mensaje.


Pida a los miembros de la clase a que consideren si ésto ha sido verdad en sus experiencias. Permita comentarios breves si los hay.


Pida a un miembro de la clase que lea la siguiente historia verdadera relatada por el Elder Clayton Christensen para ilustrar los puntos de arriba. Haga un prefacio explicando que el Elder Christensen había seleccionado con oración una fecha límite para encontrar a alguien para que los misioneros le enseñasen.


Alternativamente, conmparta una experiencia personal que ilustre puntos similares o parafrasee la historia a la clase.


Un año mi fecha era el 31 de Enero. Había invitado a mucha gente en los meses anteriores y no había tenído suerte, y ya era el 22 de Enero. Ese día, tuve que hacer un viaje de negocios a Hawaii y había orado que pudiera sentarme junto a alguien en el avión a quien pudiera invitar a escuhar las pláticas misionales, ya que es un viaje tan largo. Estuve muy desilusionado cuando el hombre que se sentó junto a mi era cláramente un don Juan – un hombre con una llamativa camisa Hawaiana, desabrochada hasta el esternón con todo el bello del pecho volando y varias cadenas de oro alrededor de su cuello. Me presenté a él y supe que cada Enero el tomaba un mes libre de su trabajo como cantero para ir a Hawaii a conocer chicas. Rápidamente concluí que no había forma que él estuviera interesado en el evangelio y me puse a trabajar en otras cosas – sintiéndome bastante resentido porque tenía tan poquito tiempo, Dios no me había ayudado a conocer a alguien a quien podría presentar a los misioneros.


Un poco después, sin embargo, mi compañero de asiento me preguntó si había estado antes en Hawaii. Respondí que si había vivido en Laie durante dos meses en una escuela de idiomas antes de servir como misionero Mormón en Korea. Inmediatamente el comportamiento del hombre cambió. “Ud. es Mormón?”


Sí, lo soy,” Respondí. “Por qué pregunta?”


Dijo que él no era un hombre religioso, pero que una curiosidad sobre los Mormones le había estado creciendo adentro por algún tiempo. Luego me pidió que le dijera sobre nuestra iglesia. Yo simplemente le dije los artículos de fé, dándo mi testimonio después de mi explicación de cada uno de ellos. Un espiritu maravilloso descendió sobre nosotros, y por cuatro horas tuvimos una plática cálida y memorable. A su conclusion le pregunté si podia enviarle a los misioneros a su casa cuando regresara, y dijo que quería mucho reunirse con ellos y aprender más. Muchas veces durante el resto del vuelo, él interrumpió mi trabajo para agradecerme por decirle lo que yo sabía que era verdadero.


Históricamente, gente de todos tipos, historiales y circunstancias han sido receptivos al mensaje del evangelio. Como Nefi nos recuerda en el Libro de Mormón, Cristo “invita a todos ellos a que vengan a él y participen de su bondad; y a nadie de los que a él vienen desecha, sean negros o blancos, esclavos o libres, varones o mujeres; y se acuerda de los paganos; y todos son iguales ante Dios” (2 Nefi 26:33). Nosotros como miembros debemos evitar cuidadosamente juzgar a la gente sobre si van a ser receptivos al evangelio. Debemos hablar de nuestra fe en una manera honesta y abierta con mucha, mucha gente. Mientras más lo hagamos, mayor es la posibilidad de intersectar con alguien que responda a la verdad.




2. Podemos compartir el evangelio con todos, no solamente con los amigos


Una frase común que los miembros usan al referirse a sus esfuerzos misionales es ‘Estamos trabajando con fulano de tal.’ Lo que la gente quiere decir con “trabajando con” alguien es que ellos están tratando de ser Buenos amigos con ellos – con la esperanza de que algún día lleguen a ser tan cercanos que los puedan invitar a aprender sobre el evangelio.


Genere una discusión breve sobre lo que podría ser problemático sobre esta idea —que de alguna manera debiéramos alterar nuestra relación con alguien como una condición previa para que ellos aprendan sobre el evangelio.


Pida a un miembro de la clase que lea la siguiente historia verdadera para ilustrar el error de que tenemos que ser amigos con alguien antes de invitarlo a aprender sobre la Iglesia (contada por un miembro de la Estaca de Boston en una charla fogonera misional reciente).


Alternativamente, comparta una experiencia personal que ilustre puntos similares o relate la historia a la clase.


En el barrio en el que viviamos previo a mudarnos a Boston, fuimos bendecidos al tener misioneros maravillosos y agresivos. Para ayudar a que los miembros cumpliéramos con nuestros deberes de miembros, ellos visitaron nuestra casa y nos pidieron que hicieramos una gráfica — en la cual pusiéramos a la gente que conociamos en la columna izquierda, y luego nos pidieron que planificaramos los pasos que tomaríamos con cada persona, culminando con nuestra invitación para recibir las pláticas misionales. Estos pasos incluían llevarles algunos postres; salir con ellos socialmente a un evento deportivo, el teatro o a alguna actividad musical; invitarlos a cenar, salir con ellos otra vez; etc;—culminando seis semanas después con una invitacón a oir las pláticas.


Nosotros llenamos diligentemente el cuadro, seleccionando la gente que conocíamos que pensamos podrían estar interesados en la iglesia y empezamos a caminar a esta gente a través de los pasos. Fue exhaustivo Yo estaba horriblemente ocupado en la escuela; y mi esposa pasó mucho tiempo cocinando y horneando. Invitábamos a la gente a comer dos veces por semana. Y como la mayoria de la gente amable generalmente reciprocaba nuestras invitaciones con sus propias invitaciones, de hecho terminamos con un calendario social muy cargado.


Los primeros en nuestra lista eran Ken y Jane Spencer. Ellos parecían Mormones —Vivían una vida muy limpia—y habían conocido a los Mormones desde su niñez. Ken y yo nos conocíamos porque teníamos la misma beca en la Universidad. Los invitamos a ver una obra de teatro y la siguiente semana los invitamos a cenar. La siguiente semana los invitamos a que fueran en el bote con nosotros. Dos semanas después ellos nos invitaron a un concierto en la Universidad. Luego los invitamos a que vinieran con nosotros a la reunión sacramental en la que habíamos sido asignados a dar discursos, y a venir a nuestra casa después para cenar. Después de la cena les dimos a Ken y a Jane una copia del Libro de Mormón y les preguntamos si les gustaría saber más sobre la iglesia.


Ken aceptó el libro como una cosa rara, pero declinó nuestra invitación de aprender más. “Somos Episcopales, y en verdad disfrutamos nuestra iglesia.” Nosotros nos sentimos raros y después de platicar un poquito, los Spencer se marcharon. Más tarde esa noche, sintiéndonos cansados y derrotados, pusimos nuestros ojos en la siguiente gente de nuestra lista en la puerta del refrigerador.


En las siguientes semanas, con todo lo que teníamos que hacer, nunca invitamos a los Spencer a hacer nada más. Después supimos a través de amigos mutuos que los Spencer se habían sentido un poco desilusionados y traicionados—de que la razón de nuestros despliegues rápidos e intensos de Amistad no era porque nosotros estuviéramos interesados en ellos como amigos, sino porque nosotros queriamos que ellos fueran Mormones. La experiencia entera nos dejó con un mal sentimiento a nosotros también.


Haga las siguientes preguntas a la clase:


Por qué este intenso esfuerzo misional terminó de manera tan negativa?


Después de tomar las respuestas de la clase, vuelva a visitar la discusión previa sobre la frase “Estamos trabajando con fulano de tal” haciendo la siguiente pregunta:


Cuál es el problema con la noción de que Ud. debe preparar a una persona o familia a través de una serie larga de rituales para hacerlos sus amigos, antes de invitarlos a saber del evangelio?


El instructor y la clase pueden tocar algunos de los siguientes puntos:



No hay necesidad de cambiar artificial o engañosamente el nivel natural de nuestra relación con otra persona antes de pedirles que aprenda sobre la iglesia.




Principio 3: No tenemos ni debemos alterar nuestra relación con alguien antes de extenderle una invitación al evangelio


Nosotros debemos construir cualquier relación con otros de una forma natural. Debemos ser amigos cercanos con la gente con quien tenemos una base natural para una amistad. Y debemos ser vecinos, compañeros de trabajo y conocidos con otros para quienes ésto constituye la base natural para una relación.


Dibuje el siguiente diagrama en la pizarrra para ilustrar este concepto:






Amigo




Comp.Trabajo




Vecino




Conocido




Extraño






Podemos lanzar una invitación a aprender el evangelio desde cualquiera de estas plataformas. Solamente debemos intentar elevar una relación a otro nivel si hay una base naturar para ello. De otra forma, de manera consistente con el Segundo principio de la obra misional de los miembros, debemos invitar a toda esta gente a aprender sobre la Iglesia.


Para concluir esta discusión, pida a un miembro de la clase que lea el siguiente resúmen de una conferencia por el Elder M. Russell Ballard, en la cual él explica como crear un ‘hogar para compartir el evangelio.’


Crear un hogar para compartir el evangelio no quiere decir que tengamos que dedicar grandes cantidades de tiempo para conocer y cultivar amigos con quien compartir el evangelio. Estos amigos vendrán naturalmente a nuestras vidas y si somos abiertos sobre nuestra membresía en la Iglesia desde el principio, podemos hablar del evangelio en nuestra relación con poco riezgo de ser malentendidos. Los amigos y conocidos aceptarán que ésta es parte de quien Ud. es y se sentirán cómodos de hacerle preguntas.


Un hogar para compartir el evangelio no se define por si la gente se une a la Iglesia o no como resultado de nuestro contacto con ellos. Nuestra oportunidad y responsabilidad son cuidar, compartir, testificar, invitar y luego permitirle a la gente que decidan por ellos mismos. Somos bendecidos cuando los hemos invitado a considerar la Restauración, independientemente del resultado. En último caso, tenemos una relación que vale la pena con alguien de otra fe y podemos continuar gozando de su amistad (“Creating a Gospel-Sharing Home,” Ensign, Mayo 2006, 84).


3. Como invitar a la gente a manera de no ofender


I. Sea directo y sincero


Haga la siguiente pregunta a la clase:


Qué clase de invitación crea una ofensa cuando es rechazada? Y cómo podria invitar a alguien a manera que, aunque ellos la declinen, pueda crear una respuesta cálida y de agradecimiento?


La respuesta es que nuestras invitaciones corren el riezgo de crear una ofensa si nos acercamos a la gente de forma evasiva. Si somos directos y sinceros y si la gente a quien estamoms invitando siente nuestro amor por ellos y el amor de Dios por ellos emanando a través de nosotros cuando extendemos la invitación, entonces ellos serán tocados y agradecidos, nunca ofendidos – aún cuando ellos digan que no.


Principio 4: Debemos ser honestos, directos y sinceros al hacer invitaciones para aprender sobre el evangelio


Pida a un miembro de la clase que lea la siguiente declaración del Elder Ballard:


Algunos miembros dicen, “Tengo miedo de compartir el evangelio porque puedo ofender a alguien.” La experiencia ha demostrado que la gente no se ofende cuando el compartir es motivado por el espíritu de amor y preocupación. Cómo alguien podría ofenderse si decimos algo así: “Me encanta la forma en que mi iglesia me ayuda” y luego agregamos lo que el Espíritu dirija. Es solamente cuando parecemos estar cumpliendo una asignación y cuando fallamos en expresar interés y amor real cuando ofendemos a los demása. (“The Essential Role of Member Missionary Work,” Ensign, Mayo 2003, 37).


Permita comentarios/reacciones de los miembros de la clase, si los hay.


II. “Desligue” relación e invitación


Otra forma de extender una invitación del evangelio sin ofender es desligar explícitamente cualquier relación que Ud. tenga con una persona y la invitación – diciendo algo asi, “Jack, nosotros hemos sido vecinos por mucho tiempo. Te voy a hacer una pregunta, pero antes de que lo haga, quiero que sepas que tu respuesta en ninguna manera afectará lo que siento. Esta es la pregunta. Como sabes, yo soy Mormón, y sabes lo mucho que mi iglesia significa para mi. En algún momento me gustaría sentarme contigo, si estas interesado, para describir quienes somos y lo que aprecio de mi membresía.”


Permita comentarios/reacciones de los miembros de la clase, si los hay.


III. Abra la Puerta


Una técnica que nos permite que con tácto permitamos a otra persona a que nos de señales de su interés en la Iglesia es “abrir las puertas” utilizando “palabras Mormonas” en las conversaciones diarias. Si nos referimos naturalmente a las cosas como BYU, nuestra misión, las actividades de nuestros hijos en la iglesia, o nuestros llamamientos de la iglesia – cosas que den señales de nuestra afiliación con la Iglesia – eso “abre la puerta” a una conversación sobre la Iglesia. La mayoria de gente con quien hablamos que oye estas palabras simplemente escogerán no pasar a través de la puerta – y eso está bien. Pero de vez en cuando utilizaremos una palabra Mormona y el que escucha dirá, “Eres Mormón? Cuando eso sucede, nos da una oportunidad de responder con algo asi, “Si, lo soy. En realidad es una gran Iglesia. Sabes bastante sobre nosotros?”


En la plática posterior, podemos abrir la siguiente puerta. “Si en algún punto tuviste algún interés en aprender un poco sobre lo que hace a los Mormones sonreir, me encantaría que vinieras a nuestra casa a hablar sobre ello.” La mayoría de gente no pasará a través de esa puerta y eso está bien – es su elección. Pero de vez en cuando alguien lo hará y tendremos la oportunidad emocionante de compartir más con ellos.


Permita comentarios/reacciones de los miembros de la clase, si los hay.


Concluya la lección resaltando las preocupaciones communes que hayan sido tocadas en esta lección (tomado de la primera plática, primera lección) y comparta su testimonio de lo que se ha enseñado.